María Antonieta, moneda de cambio...  
by Ana Vallés



María Antonieta, la Gran Duquesa Austriaca, la última reina de Francia, nació para ser moneda de cambio en manos de su madre María Teresa, quien negoció con sus hijas como si fueran peones a quienes colocar en el tablero de Europa.
Fue una niña alegre que creció sin presiones, con una gran libertad dentro de una corte encorsetada, tenía inteligencia pero la más absoluta indiferencia por aprender. Casada con Luis XVI, se sometió al papel que la Historia estaba escribiendo para ella, el de Reina frívola y anodina, tenía quince años y carecía, en principio, de la fuerza necesaria para soportar el enorme peso que se puso sobre sus hombros. Sin embargo, la Revolución Francesa la atacó como Reina y como mujer, hasta conducirla a la guillotina. Al final de su vida, brotaron de su boca estas palabras: " Sólo en la desgracia se sabe en verdad quién se es".

Juzgada sin juicio, en una especie de teatro en el que la sentencia estaba dictada de antemano, surgió una mujer fuerte, valiente, que se defendió a pesar de saber que era inútil. Como Reina ha abdicado, como mujer ha renunciado, el encierro la ha agotado, la muerte de su esposo la ha aturdido, no quiere creer que nadie acudirá en su auxilio.



Desde la Conciergerie, antesala de la muerte, sale en un carro hacia su destino, la cuchilla está afilada, ataviada con un sencillo vestido blanco, la vanidad ha desaparecido y la dignidad le da fuerza para ponerse una cofia blanca, le cortan los cabellos, le atan las manos a la espalda, se deja hacer...
Ni el escarnio ni los gritos logran alterarla, al llegar a la plaza se hace el silencio, la reina sube los peldaños hacia el patíbulo con sus negros zapatos de tacón, como si estuviera en su palacio, los verdugos la empujan, su cabeza ensangrentada rueda ante los ojos pétreos de una imponente estatua de la Libertad.

Y mientras tanto, el Conde Fersen, el más fiel entre los fieles, su amor oculto y a la vista de todos, escribe en su diario: “Ella no vive ya, y no comprendo cómo sigo vivo”.

El destino, a veces, convierte un material frágil, en una bella obra de heroísmo.

Ana Valles

Marker