Las madres del mal
by Mercedes Fisteus



El juicui de Paris, Rubens (1606)

No es ningún secreto que la figura femenina ha sido más maltratada conforme avanzaba la Historia de la Humanidad. En las primeras civilizaciones, culturas y ritos, era venerada principalmente por ser la responsable de la creación de la vida y su posterior cuidado, siendo totalmente necesaria para la supervivencia y la evolución de las tribus. Tampoco existían entonces los estereotipos de belleza del Occidente actual: cuanto más fuerte fuera una mujer, más atractiva, pues estaría mejor preparada para aguantar los partos.

Sin embargo, conforme la especie fue creciendo en términos demográficos y científicos, se empezó a utilizar todo el conocimiento para establecer un doble rasero alrededor de la figura femenina: esta se empezó a utilizar tanto para explicar lo bueno como lo malo, los milagros del mundo contra sus desgracias. Esto se denominaría más adelante como “iconografía femenina”, con las mujeres como representaciones, entre ellas la denominada “femme fatale”. Por tanto, la idea de fortaleza que descansaba sobre nosotras en las primeras etapas se va difuminando para dar paso a una falsa concepción de debilidad, tanto física como psicológica. De las primeras mujeres pasamos a las deidades del pasado, seres con atributos femeninos y cuyas leyendas, sobre todo en las culturas incas, mesopotámicas, egipcias y helénicas, las claman como Diosas tan benévolas como malignas. Éstas irían desapareciendo en pos de veneraciones masculinas, que van cambiando los escritos y las tradiciones orales para explicar, a través de estas figuras femeninas, el origen y la distribución de un Mundo lleno de infortunios. Los ejemplos más célebres los tenemos en las leyendas griegas y en la propia Biblia: en este artículo hablaremos de Eris, Pandora, Lilith y Eva, aunque hay muchas más. Las hemos elegido por el innegable atractivo de sus historias y la relevancia que han tenido a lo largo de los siglos, siendo la figura de Eva la única que ha sobrevivido a través de la religión.

Eris, Diosa de la Discordia en el Panteón de divinidades griegas, es la responsable de la Guerra de Troya en la Ilíada y la que protagoniza la historia homérica de la “Manzana de la Discordia”. Según ella, se celebró una gran fiesta para festejar la boda de Peleo y Tetis, pero se decidió no invitar a esta Diosa debido a su polémico carácter. Ésta, furiosa, se presentó en dicha boda y arrojó una manzana dorada para “la Diosa más bella”. Esto hizo que Hera, Atenea y Afrodita discutieran por ver cuál de ellas la merecía. Para evitar una lucha, Zeus nombró a un juez que pudiera dirimir la cuestión, nada más y nada menos que el príncipe troyano Paris. Cada Diosa intentó sobornarle, pero finalmente Paris cedió ante Afrodita, que le prometió a la mujer más hermosa del mundo a cambio de otorgarle la manzana: Helena de Troya. Así, Paris acabó secuestrando a Helena y dando comienzo a la guerra. Hay varias maneras de interpretar esta historia: por un lado, Eris parece ser la única deidad femenina que tiene la suficiente inteligencia (aunque perversa) para aprovecharse de la superficialidad y el orgullo de las demás Diosas, desatando el caos y erigiéndose como una de las principales antagonistas femeninas y verdaderamente peligrosas. Por otro lado, es una figura femenina y una disputa entre mujeres la que da comienzo a una barbarie de ese calibre.

Otro ejemplo que parece tener como mensaje que nosotras empezamos todo lo malo es el Mito Hesíodo de Pandora, la primera mujer. En su versión más aceptada, varios Dioses la modelaron a imagen y semejanza de los inmortales, pero Zeus la concibió para castigar a la raza humana debido a una traición que había sufrido por parte de un hombre, en este caso Prometeo. Así, Pandora estaba pensada como esposa para Prometeo, y cada Dios le otorgó una cualidad como la belleza, la seducción o la capacitación, pero en su corazón anidaba la mentira y la ambición. De esta manera, le fue concedida un ánfora (que se tradujo como “caja”) que contenía todos los males del mundo, y se le prohibió abrirla. Sin embargo, el corazón curioso e inestable de Pandora hizo que desobedeciera esta orden y abriera el recipiente, liberando todos los males del mundo. Esto explicaría la existencia de tantas desgracias que tenemos que sufrir los humanos… y nuestro dicho “abrir la caja de Pandora” cada vez que alguien remueve algo negativo. De nuevo, es una figura femenina la que da comienzo al caos, obviando que sería Prometeo el verdadero culpable.

Por último, tenemos la historia de otras primeras mujeres: Lilith y Eva. En los escritos hebreos, Lilith vino antes que Eva y fue creada del polvo, como Adán. Por ello, se creía igual que él, pero el Dios creador no opinaba lo mismo y acabó castigando su osadía, desterrándola y creando en su lugar a Eva, de la costilla de Adán y sumisa ante él, que más tarde comería la fruta prohibida que expulsaría a los hombres del Paraíso, siendo de nuevo la culpable de nuestros males debido a su desobediencia. Esto es algo que se explica muy bien en el ensayo “La Femme Fatale, Lilith y el demonio”, de Erika Bornay. Como vemos, tanto Eva como Pandora se constituyen como creaciones con el fin de satisfacer y engañar al hombre casi al mismo tiempo. Lilith, por su parte, serviría para explicar nuestra desigualdad frente al hombre, culpándonos a nosotras mismas de nuestra propia circunstancia.

Como vemos, parece usual recurrir a la figura femenina para explicar un mundo desgraciado e injusto, así como una raza cruel y ambiciosa. Pero, ¿y si lo miramos de otra manera? Eris, en su lado bueno, es una diosa que invita al enfrentamiento con uno mismo, lo que puede llevar a la mejora personal; Pandora se dejó un sentimiento en su recipiente, que fue la esperanza, por lo que podría ser una salvadora; Eva sería, por último, esa madre que enseña a los hombres las consecuencias de la avaricia. Por tanto, parece tratarse de una cuestión de interpretación y de saber identificar cuándo la figura femenina ha sido concebida para explicar el mundo desde una perspectiva irreal, y de cómo muchas de nuestras concepciones parten de meros mitos e invenciones antiquísimas, así como de incorrectas asociaciones psicológico-culturales.  


Andrea D. Morales

Created by Morgana Sanderson