Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta
by Andrea D. Morales 






¿Sabéis eso de que las mujeres somos bombardeadas con publicidad sobre cremas antiarrugas para mantenernos guapas, jóvenes y espléndidas porque según la sociedad nosotras debemos ser perfectas? Pues Erzsébeth Báthory estaba completamente obsesionada con una rutina de belleza muy concreta. Así que voy a presentaros a esta mujer, asesina en serie y condesa del terror.

Erzsébeth Báthory nace el 7 de Agosto de 1560 en Hungría, muriendo el 14 de Agosto de 1614 en Eslovaquia, con cincuenta y cuatro años. Conocida con el sobrenombre de «la condesa sangrienta debido al número de muertes que acarrea sobre sus espaldas, es una de las mayores asesinas en serie de la historia, con un total de 620 víctimas -cifra arriba, cifra abajo-.

Erzsébeth provenía de la familia Erdély, una de las más influyentes de Transilvania, de hecho su tío materno, Esteban I Báthory, era el rey de Polonia. Desde pequeña ya era palpable en ella unos rasgos muy peculiares en cuanto a personalidad: la violencia. Los juegos de niñas con sus primas acababan en una pelea en la que Erzsébeth mordía y arañaba como una pantera, -algo impropio de una señorita de alta cuna-. También solía presentar una sonrisa de satisfacción cuando los criados eran castigados con cien varazos en la espalda por algún error -los castigos en aquella época no tenían nada que envidiar al sadismo de Christian Grey-.

A los once es prometida con su primo, Férenc Nádasdy, quien le llevaba cinco años, contrayendo matrimonio cuando ella cumple los quince y él los veinte, en una boda que podría ser la equivalente a la de Chiara Ferragni y Fedez, ya que estaba invitado hasta el emperador Maximilian II. En este caso, Férenc adoptó el apellido de su esposa debido al prestigio, y con el paso del tiempo tuvieron cuatro hijos: Ana, Úrsula, Catalina y Pablo -en húngaro son impronunciables-.

Vayamos ahora al tema de las muertes y la brujería, que es la cuestión que más suele interesar y no tanto drama político y familiar. Se cuenta que una tarde, cuando su marido volvió al castillo de Csejthe de improviso, se halló en el patio con una joven sirvienta atada a un palo. Estaba desnuda y con el cuerpo lleno de moscas y hormigas ya que Erzsébeth la había untado de miel, provocando el desmayo de esta a causa del dolor y espanto. El castigo se debía, y así se lo hizo saber la condesa a su esposo, a que la doncella había robado una fruta de sus aposentos. Suponemos que Férenc no se asustó en absoluto al encontrarse aquella escena por dos razones: primero, porque ya sabía que su mujer era de mecha corta; y segundo, porque venía de luchar contra los turcos y aquello le parecería una chiquillada en comparación con los horrores del campo de batalla.

Férenc, conocido como «el caballero negro de Hungría», muere el 4 de Enero de 1604 por una enfermedad tras volver del campo de batalla. Erzsébeth enviuda con cuarenta y cuatro años, tomando posesión de los territorios de su marido, incluyendo zonas de origen húngaro, rumano y eslovaco, siendo una importante señora feudal de su condado de Transilvania.

Es en este momento en el que comienzan sus crímenes de forma rutinaria. Hay que tener en cuenta que con cuarenta y cuatro años en aquella época ya se era toda una anciana, y aunque Erzsébeth fuera considerada una mujer bella ya iba notando los estragos de la edad, -lo cual le angustiaba-. En un primer momento, y antes de los asesinatos, recurre a la bruja Darvulia, que vivía en la región de Sárvár, quien le enseña todo lo que sabe sobre plantas como la belladona, el cannabis, etc, y se las suministraba. Pronto, Erzsébeth se percata de que por muy sabia que fuera Darvulia y mucha brujería que practicasen, si la anciana no era capaz de impedir su propio envejecimiento tampoco podría evitar el suyo.

“Obsesionada con la belleza y frustrada por el paso del tiempo cree haber encontrado en la sangre de doncellas virginales la fuente de la juventud”

Ya obsesionada con la belleza y frustrada por el paso de los años se produce el detonante de su historia, siendo el episodio más conocido. Erzsébeth se encontraba sentada en su tocador mientras una sirvienta le peinaba, en un descuido la joven le tira del cabello y recibe una bofetada por parte de su señora. Debido a los anillos que adornaban su mano le rompe la nariz, provocando un reguero de sangre. La gota que cae en la mano de Erzsébeth le impresiona, creyendo ver como su piel se vuelve más tersa y desaparecen las arrugas. La condesa cree haber encontrado en la sangre de doncellas virginales la fuente de la juventud.

A partir de este episodio observamos crímenes sistemáticos con la finalidad de absorber la energía vital de las jóvenes. Sus más fieles acompañantes, entre ellos su mayordomo, son quienes la proveen de muchachas de entre 9 y 16 años. El modo de cazarlas era relativamente sencillo, solo debían acercarse a las aldeas próximas para convencer a algunas de ellas de que la condesa Báthory necesitaba criadas nuevas y que recibirían una buena paga. En un mundo en el que los campesinos se morían de hambre aquel trabajo sonaba demasiado tentador como para renunciar a él, por tanto, estas aceptaban sin ser conscientes de lo que les esperaba.



Los rituales seguían distintas vertientes, en muchos de ellos Erzsébeth no participaba activamente, simplemente se sentaba a observar el espectáculo como quien va al cine. En otras ocasiones, cuando sentía que el quehacer discurría demasiado lento, tomaba partido.

Las jóvenes eran despojadas de sus ropas, algunas eran degolladas instantáneamente, otras recibían quemaduras y cortes hasta que se desangraban paulatinamente. Eran encerradas en jaulas colgadas del techo mientras desde abajo se les pinchaba; también eran azotadas con varas y látigos hasta perder el conocimiento. Sin embargo, el instrumento favorito de Erzsébeth era la doncella de hierro, una especie de ataúd metálico con forma de mujer, del que nacían unos afilados pinchos de sus paredes internas. Toda la sangre derramada era recogida en un barreño en el que la condesa se bañaba posteriormente; y para completar su rutina de belleza, solía beber la sangre directamente de las víctima mediante mordiscos en zonas como cuello, pechos y hombros.

A Erzsébeth Báthory le surgen dos problemas: El primero es que comienza a tener dificultades para enterrar cadáveres, y aunque no es extraño la muerte de las muchachas debido a la alta mortalidad de la época, se cree que en algún momento alguien pudo ver a sus esbirros enterrando los cadáveres mutilados. Claramente esto provoca sospechas en la población y las jóvenes no volverán a caer en los trucos de “ser contratadas” por la noble condesa.

El segundo es una consecuencia de este primero. Al haber mermado el número de niñas en las zonas rurales cercanas a su castillo y que la desconfianza haya tomado parte en su contra, Erzsébet se queda sin víctimas. Ante esto centra su objetivo en las muchachas de la nobleza, a las que consigue atraer bajo la promesa de instruirlas. Estas también desaparecerán y morirán bajo extrañas circunstancias. Y claro, una cosa es asesinar a campesinas pobres que a nadie le interesa -excepto a su correspondiente familia- y otra cosa es cebarse con la aristocracia, y por ahí sí que no estaban dispuestos a pasar.

No tardan demasiado en extenderse los rumores de que algo sucede en su castillo, por lo que se envía a su primo Jorge Thurzó, conde palatino, y enemistado con ella, a que realice una inspección. -Lo cierto es que no era la persona más imparcial para llevar a cabo esto-. Y allí que se dirige este buen señor acompañado de un ejército, y sin encontrar resistencia -ya que ella solo poseía tierras pero no ejército- entra en sus dominios y registra el castillo. Se encuentra, o eso cuenta él, con muchachas torturadas en diferentes grados de descomposición y desangre, además de una acumulación de varios cadáveres. Con semejante percal la investigación da paso a un juicio en 1612, Erzsébeth no testifica ya que se acoge a sus derechos nobiliarios -muy lista ella-. Quien si lo hace es su mayordomo que sostiene que en su presencia se han sacrificado al menos a 37 vírgenes de entre 11 y 26 años. La condesa es declarada culpable de asesinato y brujería, y junto a ella sus más fieles siervos -entre ellos, las brujas Dorotea, Helena y Piroska, a quienes se les arranca los dedos con tenazas candentes y posteriormente son quemadas vivas-. Obviamente a Erzsébeth no se le puede aplicar la misma medida debido a su estatus, por lo que se le condena a cadena perpetua en solitario, emparedándola en su
habitación, donde morirá en 1614.

Llegados a este punto os estaréis preguntando si esto es verdad o mentira. Lo cierto es que se baraja la posibilidad de que se tratara de una estrategia por parte de sus familiares varones para quitar a Erzsébeth de en medio y poder hacerse con sus territorios y posesiones. No obstante, es un poco raro que empiecen a desaparecer y a morir tantísimas muchachas jóvenes en los lugares que esta señora pisa, más que nada porque hablamos de 620 doncellas, y no puede ser que la gente se desvanezca así sin más como por arte de magia. Por tanto, todo apunta a que sí. A Erzsébeth le iba el asesinato, la tortura y la brujería, en su conjunto y por separado. A mi desde luego el motivo me parece bastante comprensible, la juventud es muy atractiva pero claro... también podía haber seguido el consejo de Cleopatra y bañarse en leche de burra y no en sangre de doncellas virginales, que es más engorroso.

Andrea D. Morales

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