El bosque oculto:
Plantas y brujería

by Mercedes Fisteus




Las principales plantas de brujas


“La Tierra hará brotar una hierba vegetativa y reproduciendo un germen innato, una sustancia fructuosa, llevará su propio fruto según su especie, y poseerá en sí misma su poder germinativo; y ello se hizo así.”  

Tercer día de la Creación, primer capítulo, versículo segundo del Libro de Moisés.



El conocimiento es poder. Y a lo largo de la Historia, gran parte de ese conocimiento ha radicado en la botánica, pues las propiedades de las plantas son infinitas y su simbología riquísima, siendo las dos caras de una misma moneda: vida y muerte. En palabras de Paracelso, “en su cuerpo físico, la alimentación; en su cuerpo electromagnético, la curación de las enfermedades y en su cuerpo astral: sonambulismo, éxtasis, ceremonias mágicas, adivinación”. Ya desde tiempos inmemoriales, el conocimiento de la herbología ha otorgado poder y respeto a quien lo dominaba, desde seres mitológicos hasta chamanes, pasando también por médicos de todas las épocas y por supuesto… las brujas. Entre medias, tampoco podemos olvidarnos de los druidas, cuyo nombre se traduce como “conocedores del Roble”, por ser este un árbol sagrado. En definitiva, todas las culturas han contado con figuras que sabían cómo manipular las plantas que crecían a su alrededor, pues no en vano muchos medicamentos, cosméticos y alimentos actuales tienen su base en ellas.

Y precisamente por eso, debemos hacer un hueco para hablar sobre una rama ignorada: la botánica oculta, ese conjunto de creencias místicas que giran en torno a ciertas plantas y su implicación en las artes oscuras.

Ya desde la Edad Media se hizo una clara separación entre la botánica medicinal y la usada por las brujas o “curanderas”, por muy positivos que fueran los efectos que estas últimas conseguían. Estas mujeres recolectaban sobre todo plantas alucinógenas recogidas durante la noche para potenciar sus efectos, pues a esa hora su contenido en alcaloides es mayor. Era precisamente esto lo que provocaba la exaltación o la pérdida de los sentidos si se consumían de determinada forma. Se utilizaban tanto las hojas como las raíces o los frutos, aunque en muchas ocasiones se usaban para hacer aceites, polvos, bálsamos o alcohol, y no solo extraños mejunjes o infusiones.

Hay un consenso muy sólido acerca de cuáles son las reinas de todas estas plantas. Sin duda, estamos hablando de las cuatro grandes plantas mágicas: la mandrágora siempre liderando la clasificación; la belladona, conocida como “la planta de los aquelarres”; el beleño y el estramonio. ¿Recordáis a una pelirroja Nicole Kidman matando a su amante a base de belladona en Practical Magic? ¿Y conocéis la leyenda sobre Cleopatra, que quiso probar esta misma planta para suicidarse? Bueno… si no os suena nada de esto, al menos escucharéis a lo lejos el chillido de la mandrágora en las clases de la profesora Sprout. Ciertamente, cualquiera de estas plantas puede ser letal si se consume de manera descontrolada, si bien es cierto que tienen muchas propiedades buenas. Después de estas cuatro señoras, cada cultura o zona geográfica tiene su propio tesoro. En la Era Helénica, por ejemplo, tenían un gran protagonismo: eran signos de grandeza, ingredientes de Circe para sus hechizos o la tumba de Sócrates con la famosa cicuta.

Por otra parte y contra los maleficios, las personas ajenas al mundo esotérico han buscado siempre formas de defenderse, utilizando también las plantas que más tarde se denominarían “protectoras”. Quizá la más famosa sea el muérdago, de tradición celta, al que le siguen las típicas cruces con ramas de saúco. Sin embargo, leer sobre estas cruces puede resultar muy irónico porque el saúco es precisamente el “árbol de las brujas”, tal y como lo bautizó Doreen Valiente, la madre de la brujería moderna.

En cualquier caso, es todo un mundo y solo esperamos que después de leer este artículo, perfuméis vuestro sancta sanctorum con unas varas de incienso, que siempre purifican el ambiente.


Mercedes Fisteus


Created by Morgana Sanderson